HIC SUNT DRACONES (De padres e hijos)
El padre lidiaba en aquel idioma ajeno, y enrevesado, con la cobradora del tren. El niño, conocedor de la lengua, se desesperaba con las imperfecciones del padre, con su incapacidad de hallar la palabra y el caso correctos, y hervía en su ataque de vergüenza. Visto así, podría parecer que la situación fue incómoda para el vagón, la cobradora, el padre del niño. En absoluto. Pero el niño, un dramas , a quién le habrá salido, pasó su ratico de infierno. Una vez puesto en marcha el tren, el padre se vuelve al chavea y le espeta: “Qué buena solución refugiarte en los auriculares y en el teléfono. ¿De qué te sirve devorar libros de caballeros que matan gigantes, doncellas que pisan serpientes, adolescentes que entrenan y vuelan sobre sus dragones?” Y siguió con que si él se creía que esas fieras existieron, que no por casualidad leen cada noche capítulos de Don Quijote. Que San Jorge no atravesó ninguna bestia animal, que santa Marta no pisoteó una tarasca. Que los dragones ...